Yo – Ella
agosto 24, 2025
Categoría: Publicaciones
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Yo

Caminaba como tantas otras tardes, de una escuela a otra. El paso apurado y con varios libros y cuadernos en los brazos bajo este sol sanjuanino que no es saludable para nadie.
El tiempo vuela y apenas puedo con estos tacos minúsculos y me digo una vez más que ya basta, mañana me voy en zapatillas y no me importa nada qué van a decir, ya no va más eso de taquitos, separarme del suelo para qué… hay otras cosas que son importantes. Sin duda ésta se encuentra muy lejos de serlo. Apuro el paso y unas cuadras antes de la escuela está mi zona preferida, custodiada por unos palos borrachos que no dejan que uno pase sin admirar esos troncos gruesos y alertas, listos para la defensa y como guardando dentro de sí mil y un historias de vidas pasadas para contar a quien tenga oídos para escuchar.

Siempre me detengo unos minutos ahí, toco sus troncos como intentando conectarme a ellos y contagiarme de su energía. Dejo mis cuadernos acomodaditos en el piso limpio y las hojas que poco a poco van cayendo en señal de un nuevo tiempo que se avecina, me invitan a recrear tu rostro. Respiro hondo y mientras una de mis palmas despacito se apoya en el tronco, la otra elige guardar tu sonrisa en el bolsillo de mi guardapolvo. Y tenerte así. 

A lo lejos se oye el timbre que marca la entrada a clase y no me queda más que levantar mis libros y salir corriendo, como puedo, con estos taquitos de maestra ciruela que ya pasaron de moda.


Ella

Camina apurada, como si se fuera la vida en ello. Lleva unos cuadernos y algunos libros en sus brazos, que va cambiando de manos porque pesan y no sabe bien cuál es la mejor forma de llevarlos. Se la vea atareada, cansada, arriba de unos tacos pequeños pero tacos al fin que no hacen más que complicar la tarea de llegar. El sol brilla fuerte y ella elije un camino que las sombras de los árboles apenas dibujan. El horario de la siesta es el peor de todos los horarios sanjuaninos, parece como si la vida se detuviera de repente. Nada late, nada respira. La ciudad está desierta mientras el verano que aún persiste se apodera de las calles invadiéndolo por completo, ganando ese territorio.

Ella, en su guardapolvo blanco, es una sobreviviente.